0. La Interrogación del Humanismo en la Era de la Deconstrucción
El humanismo, como concepto filosófico y político, ha mantenido una persistente relevancia a lo largo de la historia, a pesar de las deconstrucciones posmodernas y las críticas a su universalismo inherente. En un mundo contemporáneo marcado por la violencia estructural y la alienación sistemática, la cuestión sobre la naturaleza y el destino del humanismo —si es inherentemente anarquista o socialista— se vuelve crucial para cualquier proyecto de acción transformadora. Este ensayo se propone establecer un diálogo con el humanismo existencialista de Jean-Paul Sartre para desentrañar sus implicaciones políticas y compararlas con las visiones del anarquismo y el socialismo.
Se argumentará que, si bien el humanismo existencialista de Sartre proporciona una base ética radical para la libertad y la responsabilidad individual, su realización plena en la sociedad exige una articulación política que encuentra resonancias y fricciones tanto en el anarquismo, con su énfasis en la praxis y la autoorganización, como en el socialismo, con su búsqueda de la igualdad y la transformación estructural. La conclusión no será una simple adscripción a una u otra corriente, sino una comprensión matizada de cómo estas ideologías pueden converger en un proyecto humanista militante, capaz de inspirar la abolición y superación de la superestructura actual.
1. ¿Qué es el existencialismo para Sartre?
1.1. La Primacía de la Existencia sobre la Esencia: El Punto de Partida de la Condición Humana
El existencialismo sartreano se cimienta en la revolucionaria afirmación de que «la existencia precede a la esencia». Esta proposición fundamental significa que, a diferencia de un objeto manufacturado, como un cortapapel, cuya esencia (su propósito y diseño) preexiste a su existencia, el ser humano no nace con una identidad, propósito o naturaleza predefinida. Por el contrario, el hombre «empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo y que después se define». En su origen, el ser humano es «nada» , un vacío que se llena a sí mismo a través de sus elecciones y acciones. Esta ausencia de una «naturaleza humana» intrínseca se vincula directamente con la negación de Dios como un creador que pudiera concebirla.
Si la existencia precede a la esencia, el ser humano no solo es contingente (no necesario) en su aparición, sino radicalmente contingente en su propia definición. Esto implica que no hay un significado inherente o un propósito preestablecido para la vida. Esta ausencia de determinación externa, lejos de ser un vacío nihilista, es la fuente de la libertad absoluta, pero simultáneamente impone una carga ineludible de autocreación. La conciencia, para Sartre, se describe como una «nada», una «transparencia total» que se «desgarra continuamente del ser y se proyecta». Este proceso de «nihilización» es la forma en que la conciencia se distancia del mundo, creando el espacio para la libertad y el conocimiento. Esta dinámica constante de autodefinición y proyección es el motor de la existencia humana, transformando la pasividad de un ser-en-sí en la actividad de un ser-para-sí.
1.2. La Libertad Radical y la «Condena a Ser Libre»: Un Mandato Ineludible
Sartre postula una «libertad radical» o «abstracta» que caracteriza a la conciencia humana. El hombre es libre porque su conciencia está «exenta de toda determinación» , lo que le permite trascender cualquier situación dada y adoptar una perspectiva sobre ella. Incluso frente a la facticidad (las circunstancias externas), el individuo conserva la capacidad de elegir su respuesta.
Esta libertad no es una bendición, sino una «condena»: «el hombre está condenado a ser libre». Se encuentra condenado porque no se ha creado a sí mismo, pero es libre porque, una vez «arrojado al mundo,» es «responsable de todo lo que hace». Esta libertad es un «mandato que obligaba a la integridad moral y a la valentía». La libertad sartreana no es una cualidad estática que se posee, sino un proceso continuo de «autodefinición» y «proyección». La «condena» implica que la libertad es ineludible; incluso la inacción o el deseo de evadir la responsabilidad son, en sí mismos, actos de libertad. Esta naturaleza incesante de la libertad, combinada con la ausencia de valores externos preestablecidos , convierte la existencia humana en un «proyecto que se vive subjetivamente». Esta visión dinámica de la libertad será fundamental para contrastarla con las concepciones de la libertad en el anarquismo y el socialismo, que a menudo la enmarcan en contextos colectivos o estructurales.
1.3. La Angustia y la Responsabilidad Total: El Peso de la Elección Universal
La «angustia» es, para Sartre, la conciencia de la libertad absoluta y la abrumadora responsabilidad que conlleva. No se trata de un miedo a un objeto externo, sino de una realización interna de las posibilidades ilimitadas de la acción y la incertidumbre inherente de sus resultados. Es el «modo de ser de la libertad».
Esta angustia conduce a la «responsabilidad total». Cada elección individual no solo define al que elige, sino que también «crea al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser». Por lo tanto, el individuo es responsable «no solo de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres» , convirtiéndose en un «legislador» para la humanidad con cada acto. La angustia, a menudo vista como una emoción negativa, es para Sartre una experiencia necesaria y auténtica. Es el reconocimiento de la propia autonomía radical y la ausencia de justificaciones externas. Esta confrontación impulsa una profunda sensación de responsabilidad, que se extiende más allá del yo individual para abarcar a toda la humanidad. La secuencia de pensamiento es: libertad radical, que lleva a la ausencia de valores preexistentes, lo que genera angustia (la conciencia de esta carga), y finalmente a la responsabilidad total (por uno mismo y por la humanidad), lo que a su vez impone el imperativo de inventar valores para una existencia auténtica. Este proceso forma el núcleo ético del existencialismo y su pretensión de ser un humanismo, al fundamentar una ética universal no en una esencia dada, sino en la elección y el compromiso.
1.4. La Mala Fe como Negación de la Libertad: Un Obstáculo a la Autenticidad
La «mala fe» (mauvaise foi) es un fenómeno psicológico de inautenticidad, donde los individuos se engañan a sí mismos negando su libertad ineludible y adoptando valores o roles falsos bajo la presión social. Sartre ilustra esto con ejemplos como el camarero que «actúa» demasiado como camarero o la mujer en una cita que evita la responsabilidad de su elección. Es una decisión paradójica: usar la propia libertad para negarla.
Aunque Sartre presenta la mala fe como un fenómeno psicológico individual, el marco «anti-estructural» del documento base permite una interpretación más profunda. La mala fe, al negar la libertad y la responsabilidad individual, puede verse como un síntoma de la alienación sistémica, donde los individuos internalizan roles sociales opresivos o valores capitalistas. Si los individuos están «condenados a ser libres» pero eligen negarlo, esta negación a menudo es reforzada por estructuras sociales que promueven la conformidad. Por lo tanto, superar la mala fe no es solo una tarea ética personal, sino un requisito previo para cualquier liberación colectiva significativa, ya que exige que los individuos reconozcan y abracen su propia agencia antes de poder transformar colectivamente el «sistema».
2. ¿Por qué Sartre define al existencialismo como humanista?
2.1. La Creación de Valores en la Ausencia de Dios: La Humanidad como Fuente de Sentido
Sartre parte de un ateísmo fundamental: «Si Dios no existiera, todo estaría permitido». En esta ausencia de un creador divino y, por ende, de valores o códigos morales preestablecidos, la humanidad se encuentra «sola, sin excusas». Sin embargo, esta ausencia no conduce al nihilismo, sino que transfiere la carga de la creación de valores directamente a la humanidad. El hombre debe «inventarlos» , construyendo su propia moral y sentido a través de sus elecciones. La vida, antes de ser vivida, «no es nada; les corresponde a ustedes darle un sentido».
El humanismo tradicional suele basarse en la dignidad, la razón o el progreso humano, a menudo con valores preexistentes. El humanismo de Sartre, en cambio, surge de una carencia radical de valor inherente. Esta carencia, sin embargo, no es un déficit, sino una oportunidad empoderadora. La ausencia de valores preestablecidos obliga a la humanidad a convertirse activamente en la única fuente de todo valor y significado. Esto redefine el humanismo de una celebración de lo que el hombre es a un reconocimiento de lo que el hombre debe crear. Es un humanismo activo y creador, donde la agencia humana no solo es reconocida, sino que es el único generador de sentido y moralidad en un universo indiferente.
2.2. La Responsabilidad Universal y la Elección para Toda la Humanidad: El Compromiso Ético Colectivo
Como se mencionó, cuando un individuo elige, no solo lo hace para sí mismo, sino que «elige a todos los hombres». Cada acto individual, al crear el tipo de hombre que se desea ser, «crea al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser». Esta perspectiva amplifica la responsabilidad individual, haciéndola «mucho mayor» porque «compromete a la humanidad entera». El individuo se convierte en un «legislador» para la humanidad a través de sus elecciones, y lo que se elige es «siempre el bien» para uno mismo y, por ende, «para todos».
Aunque a menudo se critica a Sartre por su individualismo radical , su humanismo, tal como lo expone en «El existencialismo es un humanismo,» introduce una dimensión intersubjetiva crucial. El principio de «elegir para toda la humanidad» significa que la libertad individual no se ejerce en aislamiento, sino que conlleva implicaciones éticas universales. Esto trasciende la mera autodefinición para convertirse en un proyecto colectivo de definición del valor humano. La secuencia de pensamiento es: una elección individual, que se transforma en un principio universalizable, lo que implica una responsabilidad por toda la humanidad, y esto, a su vez, establece un marco ético intersubjetivo. Esta responsabilidad universal, más que una naturaleza humana preestablecida, se convierte en la base de una condición humana compartida, haciendo de este existencialismo un «humanismo» en el sentido de un esfuerzo colectivo para definir lo que significa ser humano y qué valores deben guiar a la humanidad.
2.3. La Trascendencia y la Subjetividad como Pilares del Humanismo Existencialista: Un Llamado a la Acción Constante
Sartre define su humanismo como la «unión de la trascendencia… y de la subjetividad». La «trascendencia» implica que el ser humano está «siempre por realizarse» , constantemente superando su situación actual y proyectándose hacia el futuro. Es un proceso de «rebasamiento» de lo que ya es. La «subjetividad» se entiende no como un encierro en sí mismo, sino como una presencia activa «siempre en un universo humano».
La combinación de trascendencia y subjetividad en el pensamiento de Sartre implica que el humanismo existencialista es, fundamentalmente, una filosofía de la acción y del devenir. No se trata de alcanzar un ideal fijo de humanidad, sino de un proceso continuo de autotrascendencia y construcción del mundo. Este humanismo dinámico y orientado a la acción contrasta fuertemente con visiones estáticas y esencialistas de la naturaleza humana. Se alinea directamente con el espíritu «militante» del documento base , que enfatiza «cambiar el sistema» y «empujar a la rebeldía y la radicalización». El humanismo de Sartre, por lo tanto, es un llamado inherente al compromiso y a la transformación, más que a la contemplación pasiva.
3. ¿Qué es el anarquismo?
3.1. El Anarquismo como Ideología de la Praxis: La Acción Directa y la Autoorganización como Fundamentos
El anarquismo se entiende intrínsecamente como una «ideología de la praxis política» , donde la acción directa y la aplicación práctica de sus principios son centrales. No es una mera teoría, sino un modo de vida y de lucha. Su énfasis recae en la «autoorganización» y la construcción activa de «movimientos sociales autónomos y populares». Esto se materializa en la «inserción social» de los militantes en las luchas cotidianas de las clases oprimidas , como el trabajo con comités vecinales o la organización de trabajadores. El anarquismo rechaza explícitamente el «vanguardismo y la política electoral» y toda estructura jerárquica impuesta, favoreciendo el desarrollo orgánico de la conciencia y la acción desde la base de los movimientos.
La centralidad de la praxis y la autoorganización en el anarquismo es una manifestación directa de su valor fundamental: la libertad. Si la libertad, como en Sartre, es la capacidad de actuar sin determinación externa, entonces la praxis anarquista es la realización colectiva de esta libertad mediante el rechazo de toda forma de autoridad impuesta —ya sea estatal, económica o vanguardista. La secuencia de pensamiento es: la libertad radical (individual) conduce a la autodeterminación colectiva, lo que se manifiesta en la acción directa y la autoorganización, y esto, a su vez, implica el rechazo de la jerarquía. Esto convierte al anarquismo en una filosofía que no solo teoriza la libertad, sino que la actúa activamente en las relaciones sociales, siendo una ideología viva y evolutiva, no una doctrina estática.
3.2. La Vida y la Libertad como Máximas del Anarquismo: Un Concepto Colectivo y Creador
La libertad es la «preocupación fundamental» del anarquismo, intrínsecamente ligada a la igualdad, la autonomía, la creatividad y la solidaridad. Se define como un «concepto colectivo» y una «construcción social» , en contraposición a una noción individualista. La máxima es clara: «solo somos libres en la medida en que todo el conjunto de la sociedad lo sea». La «autonomía» implica que los individuos establecen sus propias normas, actuando según su propia conciencia. La «capacidad creadora» se refiere al desarrollo pleno de todas las habilidades humanas y de la existencia , rechazando la arbitrariedad externa. El anarquismo nace de una «rebelión moral contra las injusticias sociales» , fundamentada en el principio de «no querer ser oprimido y por consiguiente no querer ser opresor». La solidaridad se concibe como voluntaria, consciente y en beneficio de todos.
Mientras Sartre enfatiza la libertad individual como una carga existencial, el anarquismo transforma esta carga en un proyecto colectivo. La clave aquí es la dialéctica entre la autonomía individual y la liberación colectiva. La libertad anarquista no se realiza plenamente en aislamiento, sino solo a través de la libertad de los demás. Esto implica una relación causal: la liberación individual depende de la liberación colectiva, y viceversa. Esta interdependencia mutua, manifestada a través de la solidaridad y la ayuda mutua , eleva la libertad de un concepto puramente filosófico a un imperativo sociopolítico. Esto contrasta con las interpretaciones puramente individualistas de la libertad y proporciona una base sólida para un humanismo de orientación social.
3.3. Valores Mutuos y Contradictorios entre el Anarquismo y el Humanismo Existencialista
La relación entre el anarquismo y el humanismo existencialista de Sartre es compleja, marcada por importantes puntos de convergencia y diferencias de énfasis que merecen un análisis detallado.
Valores Mutuos (Puntos de Coincidencia)
La Existencia Precede a la Esencia: Un punto de partida filosófico fundamentalmente compartido es la creencia de que los seres humanos no nacen con una naturaleza predeterminada, sino que se crean a sí mismos a través de sus elecciones y acciones. Esta idea fundamental sienta las bases para una concepción de la libertad radical.
Libertad Radical y Autocreación: Ambas filosofías enfatizan la capacidad del individuo para la libertad y la autocreación, rechazando los determinismos externos. La «condena a ser libre» de Sartre resuena profundamente con el rechazo anarquista a cualquier imposición o autoridad externa.
Responsabilidad Individual: Tanto el existencialismo como el anarquismo subrayan la responsabilidad del individuo por sus elecciones y acciones. Para Sartre, esta responsabilidad se extiende a toda la humanidad; para el anarquismo, se manifiesta en la coherencia entre los principios y la praxis.
Trascendencia de las Condiciones: La capacidad de «apartarse de una situación» y trascender las condiciones opresivas es un valor compartido. Esto implica una agencia activa para modificar la realidad, en lugar de una aceptación pasiva.
Rechazo de Sistemas Totales/Dogmáticos: El existencialismo objeta la subordinación del hombre a ideas abstractas o sistemas materialistas rígidos , lo que se alinea con el rechazo anarquista a las autoridades externas y las doctrinas dogmáticas que limitan la libertad y la autoorganización.
Valores Contradictorios (o Diferencias de Énfasis)
Intersubjetividad vs. Individualismo Radical: Aunque Sartre en su humanismo se mueve hacia la responsabilidad universal, algunas interpretaciones del existencialismo pueden inclinarse hacia un individualismo radical (como en Max Stirner). El anarquismo, sin embargo, explícitamente fundamenta la libertad en la solidaridad social y la acción colectiva , enfatizando que la libertad es una «construcción social» y que la «conciliación con otros» es esencial. La libertad anarquista no es concebible fuera de la sociedad solidaria.
Naturaleza de la Angustia/Nihilismo: Para Sartre, la angustia es una parte inherente de la libertad existencial, una conciencia de la ausencia de valores preestablecidos. Para el anarquismo, el nihilismo a menudo se ve como un reflejo de la bancarrota del sistema capitalista , lo que implica una causa socioeconómica más que puramente existencial. El anarquismo activamente «reivindica el humanismo» contra el nihilismo , buscando construir un mundo de valores humanos.
El «Viaje» y la Conciliación Social: Si bien ambos comparten la idea de un «viaje» de vida autodeterminado, el anarquismo enfatiza que este viaje «está condicionado por la vida en sociedad y por una conciliación con otros, no se da de forma aislada en medio del océano». Esto resalta la importancia de la armonía social y la interdependencia como un componente más central de la libertad.
El existencialismo proporciona el fundamento filosófico para la libertad individual radical y la autocreación. El anarquismo, sin embargo, ofrece un programa social y político sobre cómo esta libertad puede ser actualizada y sostenida colectivamente. La contradicción no reside en el valor de la libertad en sí, sino en su alcance y sus condiciones de realización. El existencialismo enfatiza la carga de la libertad individual en un mundo absurdo, mientras que el anarquismo enfatiza el potencial para la liberación colectiva a través de esa libertad, transformando la angustia individual en agencia colectiva. El anarquismo puede verse como la praxis que da forma concreta a la libertad abstracta del existencialismo, pasando de la «condena a ser libre» filosófica a la «lucha por ser libres juntos» política.
4. ¿Qué es el socialismo?
4.1. El Socialismo como la Ideología del Cambio: Transformación Estructural y Cultural
El socialismo surgió en el siglo XIX (1830-1840) como una ideología que desafiaba fundamentalmente los cimientos del capitalismo. Inicialmente, buscaba controlar la burguesía y la propiedad privada, pero evolucionó, especialmente con el socialismo científico de Marx y Engels, hacia la abolición de la clase burguesa y la propiedad privada, y la creación de una sociedad sin clases. Se concibe como un «proyecto revolucionario» cuyo objetivo es «elevar a la sociedad toda y a cada uno de sus miembros por encima de las condiciones existentes, y no para adecuarse a ellas». Esto implica la necesidad de crear una «nueva cultura diferente y opuesta a la del capitalismo». La transición socialista es vista como un proceso de «cambios profundos y sucesivos» en las relaciones sociales y en los seres humanos mismos.
A diferencia del existencialismo, que se centra en la agencia individual en un mundo sin sentido, o del anarquismo, que enfatiza la acción directa descentralizada, el socialismo (particularmente en su vertiente científica) se presenta como una ideología sistémica y comprehensiva de cambio. Su premisa central es que los problemas sociales derivan de las estructuras económicas (la base material) y que un cambio fundamental requiere transformar estas estructuras. Esto implica una relación causal directa entre la organización económica y el bienestar social. La «nueva cultura» que busca crear no es solo un ideal moral, sino un resultado necesario de una base material transformada. Este enfoque macro-histórico-materialista lo distingue significativamente de los enfoques más micro o de praxis inmediata del existencialismo y el anarquismo.
4.2. La Igualdad y la Dignidad Universal como Máximas del Socialismo: Fundamento de la Libertad Real
Los principios fundamentales del socialismo democrático son la libertad, la justicia y la solidaridad. La «justicia» se define como el «fin de toda discriminación» y la «igualdad de derechos y oportunidades». La «igualdad» es la «expresión del valor idéntico de todos los seres humanos y la condición previa para el libre desarrollo de la personalidad humana». Se subraya que una «básica igualdad económica, social y cultural es la condición imprescindible para la diversidad individual y el progreso social». Se enfatiza que «libertad y la igualdad no son contradictorias» sino «indivisibles» , siendo la igualdad la condición para el desarrollo de la personalidad individual. La «solidaridad» es «general y universal,» una «manifestación práctica de una humanidad común» y un «sentimiento de identificación con las víctimas de la injusticia».
El énfasis socialista en la igualdad no es meramente una cuestión de redistribución económica, sino de crear las condiciones materiales y sociales para una libertad y dignidad humana genuinas. La clave aquí es que, para el socialismo, la igualdad es un requisito previo para la libertad, no su antítesis. Sin una igualdad básica en las condiciones materiales, la libertad individual puede permanecer como un concepto teórico, inaccesible para la mayoría. Esto implica una relación causal: las condiciones materiales (igualdad) habilitan el verdadero florecimiento humano (dignidad, libertad). Esto contrasta con las visiones liberales que priorizan la libertad individual a menudo a expensas de la igualdad, y se alinea con un humanismo que busca el bienestar universal, no solo la autoactualización individual.
4.3. Valores Mutuos y Contradictorios entre el Socialismo y el Humanismo Existencialista
La relación entre el socialismo y el humanismo existencialista de Sartre es un terreno de convergencia y tensión, especialmente evidente en el propio compromiso de Sartre con el marxismo en etapas posteriores de su pensamiento.
Valores Mutuos (Puntos de Coincidencia)
Compromiso con el Cambio Social: Ambas corrientes comparten un compromiso fundamental con la transformación de la sociedad para el mejoramiento humano. El propio Sartre, en su obra posterior, buscó explícitamente una «nueva concepción de una sociedad basada en la plena democracia, una conjunción de socialismo y libertad».
Importancia de la Subjetividad y la Conciencia: Sartre, incluso al dialogar con el marxismo, enfatizó el papel de la subjetividad y la conciencia en los procesos históricos. El socialismo, en sus formas más evolucionadas (como en Gramsci o el Lukács posterior), también reconoce la importancia de la lucha cultural e ideológica más allá del determinismo económico puro.
Crítica al Determinismo (Crítica de Sartre al marxismo vulgar): Sartre critica las visiones materialistas que «roban su libertad» al hombre y lo reducen a un objeto. Esta crítica resuena con una preocupación humanista por la agencia individual dentro de las estructuras sociales, buscando evitar un reduccionismo que deshumanice al individuo.
Responsabilidad Universal/Humanidad: Ambos aspiran a un mundo mejor para «todos los hombres», buscando la liberación de la opresión y la realización plena del potencial humano.
Valores Contradictorios (o Diferencias de Énfasis)
Rol del Estado: Una de las principales diferencias radica en el papel del Estado. Mientras que el socialismo, en muchas de sus variantes, implica un rol significativo, incluso central, para el Estado en la consecución de sus objetivos (como la nacionalización o la planificación económica), esto contrasta marcadamente con el énfasis sartreano en la libertad individual radical de toda determinación y la abierta negación del Estado por parte del anarquismo.
Libertad Individual vs. Estructura Colectiva: Las primeras formulaciones marxistas/socialistas fueron criticadas por subordinar la libertad individual al bien colectivo o a la necesidad histórica. El existencialismo de Sartre, por el contrario, prioriza la libertad y la responsabilidad individual por encima de todo, incluso criticando el «espíritu de seriedad» que impone valores trascendentes.
Fuente de Valores: Aunque ambos buscan una sociedad mejor, el humanismo de Sartre enfatiza la invención de valores por parte de los humanos en un universo sin valores preexistentes , mientras que algunas tradiciones socialistas pueden derivar sus valores del materialismo histórico o de los intereses de clase colectivos, concibiéndolos como inherentes al progreso social.
La tensión principal entre el humanismo existencialista y el socialismo reside en el locus del cambio: la agencia individual (Sartre) versus la transformación estructural (socialismo). Aunque Sartre intentó una síntesis posterior , la diferencia fundamental persiste. El existencialismo postula que el individuo es la fuente última de significado y acción, incluso en sistemas opresivos. El socialismo, si bien reconoce la agencia humana, enfatiza que la verdadera liberación requiere desmantelar y reconstruir las estructuras que perpetúan la desigualdad y la falta de libertad. La relación causal se debate: ¿el cambio individual precede al cambio estructural, o viceversa? Esta tensión es clave para determinar si el humanismo se alinea más con la rebelión individual o con la revolución colectiva.
5. Humanismo: ¿Anarquista o socialista?
5.1. Síntesis de los Argumentos: Convergencias y Divergencias en la Búsqueda de la Emancipación Humana
Tanto el anarquismo como el socialismo, al igual que el humanismo existencialista de Sartre, comparten un objetivo fundamental: la liberación y el florecimiento humano. Las tres corrientes rechazan una naturaleza humana predeterminada y enfatizan la agencia humana en la configuración de la realidad. Todas mantienen una postura crítica hacia los «sistemas» opresivos existentes, buscando su «abolición y superación».
El existencialismo sartreano provee una base filosófica radical para la libertad individual, la responsabilidad y la creación de valores en un mundo sin sentido inherente. Su humanismo radica en colocar la carga y la gloria de definir la humanidad exclusivamente sobre la propia humanidad. Es un llamado a la autenticidad y al compromiso ineludible.
El anarquismo extiende la libertad existencial a una praxis social y política. Actualiza la autonomía individual a través de la autoorganización colectiva y la ayuda mutua, rechazando toda forma de autoridad externa. Su humanismo se enraíza profundamente en la solidaridad y en la convicción de que la verdadera libertad es una construcción social. Transforma la angustia individual en agencia colectiva, al pasar de la preocupación solitaria por la libertad a la acción conjunta para lograrla.
El socialismo, si bien valora la libertad, prioriza el cambio estructural y la igualdad como condición previa para la dignidad y el florecimiento humano universal. Ofrece una visión macro de la transformación social, buscando crear una nueva cultura donde la justicia económica y social permita el desarrollo del potencial individual. Su enfoque en la transformación de la base económica busca eliminar las raíces de la opresión, permitiendo que la libertad sea una realidad para todos, no solo una posibilidad abstracta.
Las distinciones principales entre estas corrientes radican en los medios y el locus de poder. El anarquismo rechaza el Estado y la autoridad centralizada, enfatizando la acción directa y la autogestión descentralizada. El socialismo, en muchas de sus formas, concibe un papel transicional o centralizado para el Estado o una entidad colectiva para lograr sus fines. El existencialismo se centra en la postura ética y la autocreación del individuo, con menos énfasis explícito en estructuras políticas específicas, aunque Sartre luego se comprometió con el marxismo, reconociendo la necesidad de un análisis estructural para la liberación.
5.2. Conclusión: Un Humanismo de la Praxis y la Transformación Radical
Retomando la pregunta central: ¿Es el humanismo anarquista o socialista? Se puede argumentar que el humanismo existencialista, con su énfasis en la libertad radical y la responsabilidad universal, provee un poderoso imperativo ético para el cambio social. Sin embargo, para que esta visión humanista se actualice a escala societal, requiere de los marcos políticos que ofrecen el anarquismo o el socialismo.
Dada la coincidencia en la libertad, la autocreación, el rechazo de la autoridad externa y la construcción social de la libertad, el anarquismo presenta una afinidad muy fuerte, quizás más directa, con los principios centrales del humanismo existencialista de Sartre, especialmente su impulso anti-autoritario. El enfoque anarquista en la praxis directa y el rechazo del Estado se alinea bien con la «condena a ser libre» existencialista y el imperativo de crear significado sin estructuras preestablecidas. La autonomía individual se fusiona con la autoorganización colectiva, haciendo de la libertad un proyecto constantemente vivido y construido.
Por otro lado, el socialismo ofrece una visión complementaria crucial, particularmente en su enfoque en la igualdad como condición para la libertad universal y su análisis de la injusticia económica sistémica. El compromiso posterior de Sartre con el marxismo demuestra un reconocimiento de la necesidad de un análisis estructural para la liberación, indicando que la libertad individual no puede florecer plenamente sin una transformación de las condiciones materiales que la limitan.
En última instancia, el humanismo, en su sentido más robusto y transformador, no es exclusivamente anarquista ni socialista, sino un proyecto dinámico que se nutre de ambos. Es un humanismo de la praxis (influencia anarquista) y de la transformación estructural (influencia socialista), siempre anclado en la libertad radical y la responsabilidad que Sartre articuló. El objetivo último es la abolición y superación de la superestructura actual para lograr un mundo humano para todos. Esto implica un humanismo inherentemente revolucionario que busca empoderar a los individuos para que, colectivamente, reconfiguren su realidad y construyan un futuro más justo y libre.

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