El análisis exhaustivo de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, exige trascender la exégesis de lo onírico o la mera clasificación estética del realismo mágico. La novela se revela, más bien, como la anatomía de una totalidad social históricamente determinada, una estructura socioeconómica que, al alcanzar su clímax de absolutismo y explotación, se clausura en la muerte, persistiendo su lógica estructural en el reino de los espectros. El presente ensayo sostiene que la hegemonía despótica de Pedro Páramo forjó un modo de producción social tan absoluto y personalista que permeó y deformó la superestructura ideológica y política de Comala. Este alineamiento perfecto, analizado bajo los postulados de Karl Marx y la categoría crítica de la totalidad de Georg Lukács, culmina en la reificación total de sus habitantes, donde la muerte deviene la forma más pura y persistente de la existencia socialmente determinada.
La Comala que Juan Preciado busca por encargo materno no es un pueblo, sino la cristalización espacial de una relación de poder y propiedad fallida. La promesa de su madre, Doloritas, de «Exígele lo nuestro… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro» , establece el tono: la búsqueda es una misión de justicia material, pero el objeto de esa búsqueda es, irónicamente, la deuda misma, un concepto abstracto de la base que solo puede resolverse mediante la desintegración de la conciencia del sujeto. El desmoronamiento final de Comala no es un evento sobrenatural, sino la manifestación estética de la totalidad social agotada por su propia lógica interna de explotación radical.
La comprensión de cualquier formación social, según el materialismo histórico de Marx, se fundamenta en el análisis de su estructura económica, o Base. Esta Base, compuesta por las fuerzas productivas y las relaciones de producción, funge como el cimiento real sobre el cual se levanta la superestructura legal, política e ideológica.
Marx, en el prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, establece una relación causal y determinante: «el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general». Es fundamental comprender que, para Marx, «No es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social lo que determina su conciencia». En el contexto de Comala, el ser social se define por la propiedad absoluta de la tierra agraria y la subsiguiente dependencia servil de sus habitantes, una base que es personalista, despótica y, en última instancia, corruptora de toda conciencia externa. La tarea analítica consiste en desvelar cómo las instituciones y la conciencia —incluyendo la conciencia póstuma— de Comala reflejan, justifican o han sido directamente absorbidas por la base de la Media Luna.
George Lukács, en Historia y conciencia de clase, rescata la categoría de la Totalidad Dialéctica como la herramienta esencial para el análisis marxista, oponiéndose a la tendencia burguesa de fragmentar los fenómenos sociales. Para Lukács, la Totalidad no es solo la suma de las partes, sino una estructura articulada donde cada elemento solo adquiere inteligibilidad en relación con el todo.
Lukács argumenta que la verdad objetiva de los fenómenos sociales solo se puede descubrir a través del prisma de la totalidad crítica. En la teoría marxista, la única clase históricamente capaz de aprehender esta Totalidad y, por lo tanto, de ejercer una praxis transformadora, es el proletariado, mediante su intención de totalidad.
En Comala, sin embargo, la dialéctica se invierte. La estructura que Rulfo presenta es una totalidad negativa o reificada. La intención de totalidad no emana de la conciencia revolucionaria de una clase subalterna, sino del despotismo absoluto de la base encarnada en Pedro Páramo. La totalidad es ejercida por la clase dominante y su resultado es una alineación tan profunda que anula la posibilidad de una conciencia subjetiva activa. La ausencia de una práctica transformadora en Comala (donde incluso la revolución es cooptada) confirma que la totalidad existente es estática y reaccionaria, una estructura tan rígida en su dependencia base-superestructura que precipita la descomposición del tiempo y la materia en el universo de la novela.
El concepto de reificación (Verdinglichung), central en el pensamiento de Lukács, describe el proceso por el cual las relaciones humanas, mediadas por la economía mercantil, se presentan como relaciones objetivas, naturales, entre cosas. Esta reificación es la subyugación de la conciencia del hombre a una segunda naturaleza creada por la lógica del sistema.
La Comala espectral es el epítome de esta reificación terminal. En el capitalismo, la reificación opera a través del fetichismo de la mercancía. En el despotismo agrario de Páramo, la reificación opera a través de la dependencia ontológica del patrón. El calor sofocante, la tierra que no da fruto y la persistencia de las voces de los muertos actúan como esa segunda naturaleza que no se puede trascender, haciendo que el destino social se sienta tan inmutable como una ley física.
La Base Económica de Comala es simple y brutal: la propiedad agraria monopolística, siendo la figura de Pedro Páramo el articulador violento de esta estructura. Su poder es material, absoluto y personalista, operando como el rencor vivo que da forma a la realidad social.
Pedro Páramo es el dueño de la Media Luna, una extensión de tierra que, según la descripción del arriero, abarca «toda la tierra que se puede abarcar con la mirada». Este monopolio no es una simple acumulación, sino la fundación de la totalidad social. La descripción del tamaño de la propiedad inmediatamente establece la ilimitada extensión de la base económica.
La base no se construye sobre la legalidad, sino sobre el despojo y la coerción, administrados por Fulgor Sedano. Los conflictos territoriales, como el que involucra a Toribio Aldrete, se resuelven mediante la violencia amparada y la manipulación de documentos que Páramo mismo desprecia.
En este despotismo agrario, la base opera con una lógica precapitalista, donde el poder económico es más brutalmente directo que el velo ideológico del capitalismo maduro. Pedro Páramo es la base. Su rencor y voluntad se convierten en las fuerzas productivas esenciales. Por lo tanto, el sistema es extremadamente frágil, dependiendo totalmente de la psique de su dueño.
Las relaciones de producción en Comala se caracterizan por una dependencia extrema, ya sea por servidumbre económica o la explotación directa de los cuerpos. La frase del arriero, «nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo» , condensa la dinámica de la explotación. La clase baja y las madres que sirven al patrón generan descendencia, pero esta descendencia permanece en la miseria, demostrando que el vínculo biológico es incapaz de romper la estructura de clases determinada por la base. La fuerza de trabajo es un producto colateral sin derechos.
La propia misión del protagonista, Juan Preciado, es la de cobrar una deuda: «Exígele lo nuestro». Esta deuda, aunque teñida de resentimiento personal, es objetivamente la reclamación de una compensación material histórica. El hecho de que la deuda sea irredimible —ya que Páramo está muerto y el pueblo está desintegrado— transforma esta relación social originada en la Base en una fuerza inmaterial y coercitiva. Esta deuda, al no poder resolverse en la práctica, se cosifica en un fantasma: el murmullo que aniquila a Juan Preciado. La relación social se ha reificado en una entidad asesina.
El colapso de la base de Comala se produce por una razón ideológica: la muerte de Susana San Juan, el amor cosificado y obsesivo de Páramo. Páramo, al perder su objeto de deseo, jura venganza contra el pueblo que lo vio morir, decidiendo suspender el motor económico: «Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre».
Este acto unilateral de cese de producción tiene consecuencias materiales inmediatas: la tierra se queda «baldía y como en ruinas» , y la población huye «en busca de otros bebederos» , dejando el pueblo abandonado y lleno de casas vacías. La fragilidad de esta base, que dependía de la voluntad materializada de un solo hombre, se hace evidente en su rápida disolución, demostrando la dependencia absoluta de la sociedad respecto al detentador de la propiedad. Comala es el resultado físico del colapso de una estructura económica personalista.
La superestructura política y coercitiva en Comala no es un sistema legal formal o un Estado, sino una red de relaciones transaccionales y violentas dedicada a garantizar la impunidad de Páramo y sus intereses, operando con un cinismo estructural que prescinde de la falsa conciencia ideológica.
La ley formal del Estado burgués es descartada en favor del despotismo directo. Fulgor Sedano, el administrador, es el agente de la praxis coercitiva, encargado de traducir la voluntad de Páramo en acción política y física. Cuando se presentan disputas por los límites territoriales (como en el caso de Toribio Aldrete), Páramo da una instrucción clara: «Derrumba los lienzos si es preciso. -¿Y las leyes? -¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley de ahora en adelante la vamos a hacer nosotros». Esta cita fundamental encapsula la determinación cruda e inmediata de la superestructura por la base: no hay necesidad de disimulo legal; el poder emana directamente de la propiedad. Por ello podemos hablar de Páramo como un fascista.
El Licenciado Gerardo Trujillo es el engranaje jurídico de esta superestructura comprada. Su función es encubrir los crímenes de Miguel Páramo —incluyendo el asesinato y las violaciones—. Trujillo, al marcharse, intenta negociar una compensación monetaria. Páramo, sin embargo, demuestra su absoluto desprecio por la legitimidad legal, ofreciendo una suma irrisoria y desestimando los documentos: «Déjalos aquí. Los quemaré. Con papeles o sin ellos, ¿quién me puede discutir la propiedad de lo que tengo?». Este cinismo estructural subraya que, cuando el poder material es absoluto, la superestructura jurídica es meramente un coste administrativo, no una fuente de legitimidad.
Una consecuencia directa de este sistema es el crimen como método de producción social. Los crímenes cometidos por Miguel Páramo, desde el asesinato de Rentería hasta las múltiples violaciones, no son desviaciones, sino métodos inherentes a las relaciones de producción de la Media Luna. La impunidad comprada a Trujillo y al Padre Rentería permite que la coacción violenta —el rencor vivo— se mantenga como la fuerza central de la estructura, cimentando la Totalidad sobre la base del miedo y el terror.
La capacidad de la base de Páramo para absorber toda contradicción social es notable, como se evidencia con la llegada de los revolucionarios. Cuando la lucha de clases llega a Comala, Páramo no la combate ideológicamente, sino que la subsume en su lógica económica, convirtiéndola en un gasto operativo.
Páramo co-opta a Damasio, el Tilcuate, con dinero y promesas de tierras. En lugar de enfrentarse a la ideología revolucionaria, Páramo la compra, ofreciendo «cien mil pesos» y prestando «otros trescientos hombres». El acto revolucionario se reduce a un simple «trajin» que puede ser redirigido contra los rivales de Páramo.
Desde una perspectiva lukácsiana, la cooptación de Damasio demuestra la imposibilidad de la intención de totalidad de la clase subalterna en esta Totalidad opresiva. La base es tan poderosa que aborta la praxis transformadora de la revolución, convirtiendo la lucha de clases en una transacción más. La base determina no solo la forma política, sino también el destino de la resistencia.
La superestructura ideológica, concentrada en la Iglesia y las creencias populares, es el dominio donde la base económica ejerce su control más sutil y a la vez más profanador: la mercantilización de la conciencia, el perdón y la salvación.
El Padre Rentería es el símbolo de la superestructura ideológica sometida. Su ser social —su sustento material— está determinado por la base de Páramo: «El temor de ofender a quienes me sostienen. Porque ésta es la verdad; ellos me dan mi mantenimiento. De los pobres no consigo nada; las oraciones no llenan el estómago». Esta dependencia material lo obliga a traicionar su función espiritual, llevando a una profunda crisis de conciencia.
El sometimiento alcanza su punto culminante con la muerte de Miguel Páramo. Páramo deposita un puño de monedas de oro sobre el reclinatorio. La salvación se reduce a una transacción, y Rentería internaliza la corrupción: «Son tuyas -dijo-. Él puede comprar la salvación. Tú sabes si éste es el precio». La gracia divina se reifica, se tasa en oro de Páramo, confirmando la primacía de la economía sobre la ética y la fe.
La crisis de Rentería se resuelve en la negación. Cuando busca la absolución en Contla, el cura de allá le niega el perdón, acusándolo de haber entregado la «fuerza de Dios». La fe en Comala solo subsiste por «superstición y por miedo». El Padre Rentería es el materialista histórico que, por la fuerza de su base, no puede ser un ideólogo puro; su pecado es la prueba viviente de cómo el ser social determina la conciencia, incluso la de un hombre de fe.
La totalidad de Comala produce una ideología de desamparo y resignación. La abuela de Pedro Páramo —en un flashback— le aconseja: «Es necesario que te resignes». Esta es la ideología que mantiene la paz social bajo la explotación. La sobrina de Rentería, Ana, acepta la violación por Miguel Páramo, recordándose a sí misma «que nunca hay que odiar a nadie».
Sin embargo, la opresión de la base es tan vasta que agota la capacidad de la comunidad para generar consuelo ideológico. El desamparo se vuelve cósmico. Los habitantes no rezan por todas las almas porque «no ajustarían nuestras oraciones para todos». Esta desesperanza social, donde el poder económico de Páramo es más fuerte que el juicio divino, prepara el escenario para la aceptación pasiva del estado espectral.
Otro aspecto de la reificación en la Superestructura es la venta de la muerte (reificación terminal). Incluso el tránsito final se mercantiliza. Los hombres que asisten al funeral de la madre de Susana San Juan son «alquilados, sudando por un peso ajeno, extraños a cualquier pena». La misas gregorianas tienen un alto costo. El cuerpo del muerto se convierte en una cosa, el ritual en un servicio pagado, y el paso al más allá en una tarifa, demostrando que la lógica del intercambio económico, impuesta por la base, media las relaciones humanas más íntimas y trascendentales.
El estado final de Comala, la necrópolis, es la cristalización estética de la reificación total. La Base y la Superestructura se disuelven físicamente, pero su estructura de poder y sus relaciones sociales persisten en el estado espectral, encapsulando a los muertos en un tiempo fragmentado y cosificado.
Juan Preciado experimenta la desintegración del tiempo lineal, interactuando con fantasmas —Eduviges Dyada, Abundio— que le relatan la historia de Comala. La voz de su madre, muerta, se oye mejor «donde el aire era escaso». Esta inversión de la realidad, donde lo inmaterial es más audible y real que lo material, es una metáfora de la reificación social.
Los muertos en Comala no gozan de paz, sino que «andan penando» , atrapados por las deudas, los pecados y los rencores de la vida material. Dorotea vaga por la tierra buscando vivos que recen por ella. Esta persistencia espectral se puede interpretar a la luz de Lukács: la conciencia reificada del capitalismo, que objetiva el tiempo de trabajo, se manifiesta aquí como el tiempo póstumo de la agonía. Los muertos continúan sus relaciones sociales, atrapados en la lógica de la base colapsada, incapaces de trascender la estructura de explotación.
La muerte de Juan Preciado por asfixia social, es la demostración definitiva de la Totalidad reificada. Juan Preciado muere de miedo, sofocado por el ambiente viciado y la voz de los muertos: «Me mataron los murmullos». Los murmullos son la voz de «mucha gente en día de mercado,» pero «no voces claras, sino secretas, como si me murmuraran algo al pasar».
La conciencia de Juan Preciado no puede soportar la totalidad social que intentó penetrar. Él vino a resolver una contradicción material —la deuda de su madre—, pero es aniquilado por las fuerzas cosificadas de esa historia. Los murmullos no son fenómenos sobrenaturales; representan el peso cosificado e irresoluble de la historia de Comala: las deudas no pagadas, los crímenes encubiertos, la historia sin resolver. La voz del pasado es la materialidad histórica que se ha vuelto forma pura y espectral, una segunda naturaleza que, al haber agotado el aire material del pueblo, asfixia al sujeto consciente.
Pedro Páramo muere desmoronándose «como si fuera un montón de piedras», una regresión a la inercia material, él mismo una cosa más del paisaje. El rencor vivo se reduce a un objeto inerte. La Base termina por imponerse sobre el individuo que la creó; su cuerpo se vuelve piedra.
En el sepulcro compartido con Dorotea, Juan Preciado alcanza una conciencia póstuma. Dorotea, la Cuarraca, quien en vida fue traficante de la reificación y la servidumbre, ahora medita: «Ahora que estoy muerta me he dado tiempo para pensar y enterarme de todo». Lukács postula que la conciencia potencial de la clase subalterna —el proletariado— se obtiene al ver la sociedad como una totalidad. Dorotea, libre de las ataduras materiales y la ideología cooptada, logra finalmente ver el sistema que la aplastó, aunque esta verdad solo se realiza en la negación final de la muerte.

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